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OpenAI destapa una operación rusa que usó ChatGPT y llegó a colegios de Perú y Ecuador

Redacción de IA en un minuto · Editor: Jon Elgezabal

En 30 segundos

OpenAI ha cerrado unas cuentas de ChatGPT usadas desde Rusia por una campaña encubierta en América Latina, sobre todo contra Ucrania, a la que llama Dark Clark. Los operadores apenas lo usaban para fabricar propaganda y sí para escribir partes internos, mientras dirigían un falso centro de estudios con personal local que, según OpenAI, no sabía para quién trabajaba. Con correos falsos lograron, según ellos, actos en colegios de Perú y Ecuador.

OpenAI ha vetado un grupo de cuentas de ChatGPT originadas en Rusia que formaban parte de una operación de influencia encubierta dirigida a América Latina. La compañía la ha llamado "Dark Clark" y la sitúa en la categoría 5 de la escala Breakout, que puntúa estas operaciones de 1 a 6. Es la primera de esa categoría que desactiva desde que empezó a publicar estos informes.

Según OpenAI, buena parte de la actividad buscaba dañar la imagen de Ucrania en la región y otra parte, influir en la política local, sobre todo en Argentina y Bolivia. La mayoría de los operadores escribía en ruso; uno lo hacía en español, aunque también parecía estar en Rusia. Entraban en ChatGPT con VPN, porque OpenAI no permite el acceso desde Rusia, y lo usaban sobre todo para redactar informes internos sobre sus campañas para un superior desconocido. En la mayoría de los casos, OpenAI no los vio crear con él el contenido de las campañas.

También daban cuenta de un supuesto centro de investigación en América Latina, el Social Research Center, que manejaban con una identidad falsa, "Mia Clark", de ahí el nombre de la operación. Según OpenAI, los indicios disponibles apuntan a que sus empleados en la región no sabían que trabajaban para un grupo ruso. En su web, el centro dice dedicarse a la diáspora india en América Latina, y OpenAI encontró en ella más de 60 artículos, en su gran mayoría originales.

En sus informes, los operadores se atribuían bulos difundidos por la región. Algunos ya se habían atribuido antes a una entidad rusa conocida como "Politology" o "La Compania", señalada como sucesora del Grupo Wagner.

El caso más llamativo pasó en Perú. En mayo de este año, según sus propios informes, los operadores crearon un correo falso que se hacía pasar por la Dirección Regional de Educación de Lima y pidieron a los colegios celebrar actos dedicados a Ucrania el 21 de mayo, Día de la Diversidad Cultural y Lingüística, con referencias a Stepan Bandera. Este nacionalista ucraniano del siglo XX es para algunos ucranianos una figura de la independencia, pero en Rusia y Polonia se asocia al fascismo, al colaboracionismo durante la guerra y a atrocidades. Según los operadores, algunos colegios respondieron que habían hecho esos actos y hasta enviaron fotos. Después aparecieron en la prensa de Perú y de Polonia noticias que encajan con lo que contaban (algunas ya se han borrado), y una de ellas recogía la reacción de un eurodiputado polaco. OpenAI dice que el engaño se alimentó de las tensiones históricas entre ucranianos y polacos y, a la vez, las avivó.

En junio, siempre según los operadores, otro correo falso pidió a colegios de Ecuador una ceremonia de lealtad al presidente Daniel Noboa y a Erik Prince, antiguo jefe de la empresa militar privada Blackwater. OpenAI encontró informaciones muy parecidas a lo que contaban y un desmentido detallado del titular de Educación de Ecuador.

OpenAI advierte de que el impacto hay que medirlo con cuidado: los operadores se atribuían a menudo hechos que no tenían nada que ver con ellos, así que sus informes no pueden tomarse al pie de la letra, aunque algunas de sus afirmaciones sí se han podido corroborar con fuentes abiertas.

El mismo informe recoge una segunda operación, desde Irán, que OpenAI ha llamado "Bogus Bylines": con siete falsos periodistas, ofrecía artículos sobre el conflicto entre Estados Unidos e Irán a medios digitales pequeños y medianos de todo el mundo, y OpenAI localizó casi 100 publicados con esas firmas. La sitúa en la categoría 4. Las dos operaciones llegaron a colocar contenido, no todo generado con los modelos de OpenAI, en medios de comunicación reales. OpenAI ha vetado a ambos grupos y ha compartido la información de los dos casos con las autoridades competentes.

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Lo llamativo del caso es lo poco que dependía de la inteligencia artificial. El engaño que más lejos llegó fue un correo que suplantaba a una autoridad educativa, una técnica tan vieja como el propio correo, y el chatbot servía sobre todo para el papeleo interno de los operadores. Eso devuelve la defensa a donde siempre ha estado: cualquier centro, empresa o redacción que reciba una instrucción oficial inesperada debería confirmarla por otra vía antes de actuar, y los medios pequeños que aceptan artículos de colaboradores externos tienen motivos para comprobar quién firma. El informe deja además una pregunta abierta. OpenAI solo ve lo que pasa dentro de su servicio, y los propios operadores inflaban sus logros ante su jefe, así que el alcance real de estas campañas sigue siendo difícil de medir desde fuera.

Fuente oficial: OpenAI · Redactada con ayuda de IA: cómo hacemos las noticias

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